Aquella vieja historia - 33
martes, marzo 10, 2009 Posted In Aquella vieja historia Edit This 6 Comments »
Buenos días.
Aprovechando mi último día oficial de vacaciones, paso por acá para dejarles la parte 33.
Perdón por haberlas hecho esperar tanto.
Espero que les guste y que esten disfrutando de la última gota de las vacaiones de verano ^^
Como siempre, acepto todo tipo de críticas y comentarios.
Un beso enorme!!
Nay
33
Solo necesité meterme un poco en el agua para que la sangre desapareciera. Pasé los dedos por las pequeñas y redondeadas heridas recién abiertas y me aseguré de que estuvieran totalmente desinfectadas.
Cuando me sequé, con la mayor delicadeza posible, entré en conciencia de que no iba a soportar el roce de la tela del pantalón y me puse a buscar en la orilla de la hondonada alguna planta que pudiera servir como venda. Nada.
Unos pasos hacia dentro del bosque, encontré una finas y larga hojas. Sin pensador dos veces las arranqué y caminé hacia donde había dejado mi ropa.
Mathew estaba esperándome, parado con los ojos perdidos en las aguas y el atardecer que aparecía detrás del río y los árboles.
Aunque me estaba dando la espalda, supo que había llegado. No se volteó.
- Estábamos preocupados.
- Perdí la noción del tiempo. Eso es todo.
- ¿Por qué no te cambias para que nos vayamos?
- Puedo volver sola… Estaré allí en unos momentos.
- ¿Qué pasa? – Giró la cabeza, dejando que su perfil se iluminara con la luz anaranjada del cielo. Movió su nariz, pero siguió sin mirarme. – No entiendo por qué no puedes venir conmigo.
- ¿Qué te hace suponer que pasa algo? Solo quiero unos momentos más a solas, ¿Tan difícil es de entender? – Hice todo mi esfuerzo para no demostrarle que estaba mintiendo.
Se quedó en silencio mientras yo caminaba hacia mi ropa.
- ¿Para qué son las plantas? – Me preguntó mecánicamente.
- Las encontré y… me pareció que podían servir para vendarnos si fuera necesario. – Apenas terminé de hablar supe que había cometido un gran error. Yo no hablaba así, simplemente le hubiera dicho “¿Qué te importa?” como si estuviera bromeando… Pero en contra de la lógica, había dado una explicación racional que demostraba que estaba mintiendo.
Impulsado por la verdad, dio tres zancadas hacia mí y se paró detrás de mi espalda. Tiró su pequeño morral en el suelo y tomó las hojas de mi mano para mirarlas con suspicacia. ¿Cuánto tardaría en darse cuenta de las pequeñas heridas en mis muslos, que permitían que pequeñas gotas de sangre salieran de ellas nuevamente?
- Ponte la camisa y siéntate en el piso.
- No me des órdenes, Mathew. – Le contesté irritada.
- No puedo curarte parada. – Murmuró secamente mientras se agachaba a buscar algo dentro de su morral. Su voz era temiblemente superficial.
- ¿Curarme? ¿Estás loco? – Reprimí el temblor en mi voz.
- Puedo oler la sangre, Nëtalie. Puedo ver los rasguños en tu piel aún con esta luz. – Con otras dos zancadas fue hacia el río a mojarse las manos y allí agachado, agregó. – No eres buena mentirosa y tampoco tengo mucho tiempo. Va a anochecer y quiero estar en el campamento para entonces.
Me limité a no responderle. Tenía algo de razón en algunos de sus comentarios, pero tampoco iba a decírselo. Me senté en el pasto y agarré la camisa del suelo. No porque me lo hubiera ordenado, sino porque la temperatura disminuía con la caída del sol. O al menos eso me decía a mí misma cuando estaba cerrando mi último botón, refunfuñando, y él apareció delante de mí.
Sin mirarme a los ojos, puso sus delicadas manos húmedas sobre mis muslos y suspiró. Tomó un pequeño frasco que había dejado en el suelo, sin que me diera cuenta, y lo abrió, inundando el aire con aroma a romero. Con los dedos puso un poco del ungüento en mis dos piernas y sopló las heridas. Ardían.
Me vendó con las hojas que había recolectado en unos segundos y aprisionó las vendas con dos trozos de tela blanca. Las anudó y se levantó sin emitir sonido.
- Gracias, pero no era necesario.
- Ya te dije que no quería perder tiempo. – Me respondió dándome nuevamente la espalda mientras se limpiaba las manos en el agua. – Termina de vestirte así nos vamos.
Se quedó allí sentado para esperarme. No hablaba, no se movía… incluso parecía que tampoco respirara.
Era un médico excelente. Ponerme los pantalones ni siquiera me dolió. Me puse el chaleco y acomodé las mangas de la camisa.
Caminó hacia mí sin hacer ningún ruido y tomó sus cosas del suelo. Seguía sin mirarme y eso me ponía un poco nerviosa. Bastante nerviosa. Me calcé el cinturón con la espada y sentí una punzada. Parte de la vaina golpeaba con mi muslo derecho… Había vuelto a cometer una idiotez y ahora iba a tener que aguantarlo.
- Dame la espada. Puedo llevarla yo.
- No es necesario. – Di unos pasos hacia delante y me volteé para verlo llevar sus manos a los ojos y refregarlos con paciencia.
- No fue una pregunta, Nëtalie. – Tomó mi mano y me detuvo. Tomó la espada de mi cintura y la desenvainó. – Dame la funda.
Hice lo que me pedía, un poco aturdida por lo cansino de su voz.
- Gracias. – Ni siquiera había ironía en sus comentarios, ni enojo, ni miedo… Nada.
La enganchó junto a la suya, que era claramente más larga. Envainó la espada y tomó el morral del suelo para cruzarlo en su pecho. – Vamos. – Me dijo tomando la delantera.
Habíamos caminado varios metros y seguía sin hablarme ni mirarme. No sabía qué prefería, si el clásico sermón sobre el cuidado del cuerpo o esta frialdad…
¿En qué estaba pesando?... Necesitaba saberlo.
- ¿Vas a seguir sin hablarme? – No me respondió y me vi obligada a continuar. - Desde que me encontraste que no pronuncias más que monosílabos o frases secas. ¿Qué te sucede?
- No quiero hablar, Nëtalie.
- ¿Por qué? Si quieres enojarte conmigo, hazlo. Si quieres gritarme, sermonearme… no me molesta. Pero di algo.
- ¿Qué quieres que diga? – Siguió mirando el suelo.
- Cualquier cosa… No entiendo por qué actúas así… me lastimé y fue un accidente.
- Estaba preocupado, ¿Está bien? – Suspiró. – Te fuiste apenas terminamos de hablar y cuando volví a buscarlos, encontré a Frederic y Eleni solos. Ella dormía.
“Lugh me llamó, fui hacia donde estaba él y me encontré con Nícolas. Me quedé con ellos para analizar el tema de los tatuajes los tres el tiempo que pude contener mi ansiedad, pero cuando regresé al claro todo seguía igual. No habías vuelto y se estaba haciendo tarde, así que vine a buscarte.
Y cuando encontré tu ropa y te sentí acercarte, percibí el olor a sangre. Vi tus heridas y me preocupé aún más…”
- No son lo que parecen.
- Sé lo que son. Por eso estoy preocupado… Pero no quiero hablar de eso ahora.
- Mathew…
- Limítate a caminar.
- Los tatuajes. ¿Hay alguna novedad sobre ellos? – Cambié de tema incapaz de seguir hurgando dentro de él y de mí misma.
- No por ahora, pero va a haberla cuando leguemos a lo de Teuex.
- Lo siento, Mathew. No quería preocuparlos, solo quería estar sola un rato para pensar. – Me sentí un poco estúpida al estar dándole explicaciones y pidiéndole disculpas tan abiertamente. Pero no podía evitarlo, aún cuando ya había dejado claro que no quería hablar de eso. Para mi sorpresa no llegué a arrepentirme.
- Está bien.
Siguió caminando a la par de mis pasos, sin hablarme ni mirarme.
Aunque no entendiera por qué, su actitud pasaba el límite de la molestia racional. Me dolía.
Aprovechando mi último día oficial de vacaciones, paso por acá para dejarles la parte 33.
Perdón por haberlas hecho esperar tanto.
Espero que les guste y que esten disfrutando de la última gota de las vacaiones de verano ^^
Como siempre, acepto todo tipo de críticas y comentarios.
Un beso enorme!!
Nay
33
Solo necesité meterme un poco en el agua para que la sangre desapareciera. Pasé los dedos por las pequeñas y redondeadas heridas recién abiertas y me aseguré de que estuvieran totalmente desinfectadas.
Cuando me sequé, con la mayor delicadeza posible, entré en conciencia de que no iba a soportar el roce de la tela del pantalón y me puse a buscar en la orilla de la hondonada alguna planta que pudiera servir como venda. Nada.
Unos pasos hacia dentro del bosque, encontré una finas y larga hojas. Sin pensador dos veces las arranqué y caminé hacia donde había dejado mi ropa.
Mathew estaba esperándome, parado con los ojos perdidos en las aguas y el atardecer que aparecía detrás del río y los árboles.
Aunque me estaba dando la espalda, supo que había llegado. No se volteó.
- Estábamos preocupados.
- Perdí la noción del tiempo. Eso es todo.
- ¿Por qué no te cambias para que nos vayamos?
- Puedo volver sola… Estaré allí en unos momentos.
- ¿Qué pasa? – Giró la cabeza, dejando que su perfil se iluminara con la luz anaranjada del cielo. Movió su nariz, pero siguió sin mirarme. – No entiendo por qué no puedes venir conmigo.
- ¿Qué te hace suponer que pasa algo? Solo quiero unos momentos más a solas, ¿Tan difícil es de entender? – Hice todo mi esfuerzo para no demostrarle que estaba mintiendo.
Se quedó en silencio mientras yo caminaba hacia mi ropa.
- ¿Para qué son las plantas? – Me preguntó mecánicamente.
- Las encontré y… me pareció que podían servir para vendarnos si fuera necesario. – Apenas terminé de hablar supe que había cometido un gran error. Yo no hablaba así, simplemente le hubiera dicho “¿Qué te importa?” como si estuviera bromeando… Pero en contra de la lógica, había dado una explicación racional que demostraba que estaba mintiendo.
Impulsado por la verdad, dio tres zancadas hacia mí y se paró detrás de mi espalda. Tiró su pequeño morral en el suelo y tomó las hojas de mi mano para mirarlas con suspicacia. ¿Cuánto tardaría en darse cuenta de las pequeñas heridas en mis muslos, que permitían que pequeñas gotas de sangre salieran de ellas nuevamente?
- Ponte la camisa y siéntate en el piso.
- No me des órdenes, Mathew. – Le contesté irritada.
- No puedo curarte parada. – Murmuró secamente mientras se agachaba a buscar algo dentro de su morral. Su voz era temiblemente superficial.
- ¿Curarme? ¿Estás loco? – Reprimí el temblor en mi voz.
- Puedo oler la sangre, Nëtalie. Puedo ver los rasguños en tu piel aún con esta luz. – Con otras dos zancadas fue hacia el río a mojarse las manos y allí agachado, agregó. – No eres buena mentirosa y tampoco tengo mucho tiempo. Va a anochecer y quiero estar en el campamento para entonces.
Me limité a no responderle. Tenía algo de razón en algunos de sus comentarios, pero tampoco iba a decírselo. Me senté en el pasto y agarré la camisa del suelo. No porque me lo hubiera ordenado, sino porque la temperatura disminuía con la caída del sol. O al menos eso me decía a mí misma cuando estaba cerrando mi último botón, refunfuñando, y él apareció delante de mí.
Sin mirarme a los ojos, puso sus delicadas manos húmedas sobre mis muslos y suspiró. Tomó un pequeño frasco que había dejado en el suelo, sin que me diera cuenta, y lo abrió, inundando el aire con aroma a romero. Con los dedos puso un poco del ungüento en mis dos piernas y sopló las heridas. Ardían.
Me vendó con las hojas que había recolectado en unos segundos y aprisionó las vendas con dos trozos de tela blanca. Las anudó y se levantó sin emitir sonido.
- Gracias, pero no era necesario.
- Ya te dije que no quería perder tiempo. – Me respondió dándome nuevamente la espalda mientras se limpiaba las manos en el agua. – Termina de vestirte así nos vamos.
Se quedó allí sentado para esperarme. No hablaba, no se movía… incluso parecía que tampoco respirara.
Era un médico excelente. Ponerme los pantalones ni siquiera me dolió. Me puse el chaleco y acomodé las mangas de la camisa.
Caminó hacia mí sin hacer ningún ruido y tomó sus cosas del suelo. Seguía sin mirarme y eso me ponía un poco nerviosa. Bastante nerviosa. Me calcé el cinturón con la espada y sentí una punzada. Parte de la vaina golpeaba con mi muslo derecho… Había vuelto a cometer una idiotez y ahora iba a tener que aguantarlo.
- Dame la espada. Puedo llevarla yo.
- No es necesario. – Di unos pasos hacia delante y me volteé para verlo llevar sus manos a los ojos y refregarlos con paciencia.
- No fue una pregunta, Nëtalie. – Tomó mi mano y me detuvo. Tomó la espada de mi cintura y la desenvainó. – Dame la funda.
Hice lo que me pedía, un poco aturdida por lo cansino de su voz.
- Gracias. – Ni siquiera había ironía en sus comentarios, ni enojo, ni miedo… Nada.
La enganchó junto a la suya, que era claramente más larga. Envainó la espada y tomó el morral del suelo para cruzarlo en su pecho. – Vamos. – Me dijo tomando la delantera.
Habíamos caminado varios metros y seguía sin hablarme ni mirarme. No sabía qué prefería, si el clásico sermón sobre el cuidado del cuerpo o esta frialdad…
¿En qué estaba pesando?... Necesitaba saberlo.
- ¿Vas a seguir sin hablarme? – No me respondió y me vi obligada a continuar. - Desde que me encontraste que no pronuncias más que monosílabos o frases secas. ¿Qué te sucede?
- No quiero hablar, Nëtalie.
- ¿Por qué? Si quieres enojarte conmigo, hazlo. Si quieres gritarme, sermonearme… no me molesta. Pero di algo.
- ¿Qué quieres que diga? – Siguió mirando el suelo.
- Cualquier cosa… No entiendo por qué actúas así… me lastimé y fue un accidente.
- Estaba preocupado, ¿Está bien? – Suspiró. – Te fuiste apenas terminamos de hablar y cuando volví a buscarlos, encontré a Frederic y Eleni solos. Ella dormía.
“Lugh me llamó, fui hacia donde estaba él y me encontré con Nícolas. Me quedé con ellos para analizar el tema de los tatuajes los tres el tiempo que pude contener mi ansiedad, pero cuando regresé al claro todo seguía igual. No habías vuelto y se estaba haciendo tarde, así que vine a buscarte.
Y cuando encontré tu ropa y te sentí acercarte, percibí el olor a sangre. Vi tus heridas y me preocupé aún más…”
- No son lo que parecen.
- Sé lo que son. Por eso estoy preocupado… Pero no quiero hablar de eso ahora.
- Mathew…
- Limítate a caminar.
- Los tatuajes. ¿Hay alguna novedad sobre ellos? – Cambié de tema incapaz de seguir hurgando dentro de él y de mí misma.
- No por ahora, pero va a haberla cuando leguemos a lo de Teuex.
- Lo siento, Mathew. No quería preocuparlos, solo quería estar sola un rato para pensar. – Me sentí un poco estúpida al estar dándole explicaciones y pidiéndole disculpas tan abiertamente. Pero no podía evitarlo, aún cuando ya había dejado claro que no quería hablar de eso. Para mi sorpresa no llegué a arrepentirme.
- Está bien.
Siguió caminando a la par de mis pasos, sin hablarme ni mirarme.
Aunque no entendiera por qué, su actitud pasaba el límite de la molestia racional. Me dolía.





6 Huellas en mi espacio ^^:
Está buenísimo el cap... quiero saber que son esas heridas ^^
Besos!!
Tu blog ha sido premiado ^^
yy sii me cambie de colegio... pero esta a cuatro cuadras del anterior y ahora salgo mas temprano asi qeu salir para visitarlos casi todos los dias es inevitable jaja ^_^
necesitaba un cambio...
asi que los visito incluyendo al individuo ese jaja ^_^
y por suerte tengo un grupo genial con chicas y chicos que son muy simpaticoss
en fin...
entre otras cosas me gusto mucho esta parte de tu historia :)
no estoy escribiendo mucho por que las obligaciones ... me lo impiden xD
besitosss
hablamos
Holaaa!
Me agradan los momentos q pasan ellos dos ♥
Espero q ande todo bien :)
Saludos
Hola!
Me ha gustado mucho el post.
Seguiré pasando por aquí.
Un beso desde SweetSour,
*Lisa*
Nunca puedo poner un comentario decente, porque nunca me da tiempo de alcanzarte en la historia ¬¬
Voy a empezar a comentarte de los trozos anteriores en las entradas nuevas xD
Por cierto, si lei el 48 de Vampire Knight ¡No pasa nada, por dios! ¡Quiero el siguiente, tiene que avanzar la historia!
Busqué ese anime que me recomendaste, Joujou Kakumei, a ver que tal.
Lo que si vi por fin fue La revolucion de los licántropos xD
Bueno, un beso!
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