Aquella vieja historia - 29
sábado, enero 31, 2009 Posted In Aquella vieja historia Edit This 7 Comments »
Buenas noches!!
Lo prometido es deuda y acá estoy... Hoy estuve escribiendo y me adelanté bastante, por lo cual espero publicar con mayor regularidad.
Aunque tengo pensado tomarme un post para hablar de Brisingr. Lo terminé en un día y medio y me gustó mucho. Casi no estoy enojada con Paolini por hacer un cuarto.
Como siempre, acepto críticas y comentarios de todo tipo... Les agradezco por estar tan continuamente, me dan más energía para terminar con esta historia.
Espero que les guste!
Besotes
Nay
29
No había corrido nunca con esa intensidad.
Me dolían las piernas y el pecho. Respirar se había convertido en un proceso dificultoso e incluso estaba tan fatigada que creía que me iba a ahogar.
Lo único que me hacía seguir moviéndome era la certeza de que habíamos escapado de las mimas fauces del depredador, aunque haya sido solo la guardia de Stephan. Pero decir eso, no disminuye el poder que Jerónimo tiene y siempre tuvo.
Eleni lo había hecho genial. Estaba gratamente sorprendida, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de información inconclusa o de pequeños datos que había oído a lo largo de nuestro “plan de escape”.
Cuando me había dado cuenta que Jerónimo estaba ahí, llegué al borde de la parálisis mental y física. Pero ella lo había evitado y pude pensar cómo terminar con eso incluso con un maldito cuchillo en el cuello.
Y el idiota que me tenía aprisionada había dicho tantas cosas de más, al igual que su capitán, que había declarado demasiadas cosas sobre sus superiores sin darse cuenta. Y en el medio de una batalla de palabras, ella había declarado que sabía que tenían la misma sangre… ¿Cómo lo había averiguado?
No entendía cómo lo soportaba.
Desde el principio me había sorprendido la fuerza de su alma, de su carácter. Intentaba ponerme en su lugar y cada vez que lo hacía, estaba más segura de que yo no podría vivir sin saber nada de mí misma.
Esa situación me dolía a mí… Entonces lo lógico sería que a ella la estuviera consumiendo con cada segundo que se sucedía.
Pero estaba equivocada. No necesitaba que ella lo dijera, aunque sería capaz de hacerlo, me bastaba con oírla hablar o mirarla a los ojos.
La conocía tan bien y por momentos sentía que estábamos muy lejos de entendernos. Era una incongruencia total, pero siempre había sido así, ¿No?... Desde que nos habíamos conocido cuando ella estaba escapando, había encontrado en mí un refugio. Una fuente de contención para que descargara toda la oscuridad de aquel infernal lugar del que estaba alejándose, repleta de un profundo miedo.
Al llegar Nícolas, parecía que las cosas iban a mejorar, pero no fue así… Incluso se habían puesto más complicadas y Eleni se había vuelto a refugiar en mí, uniéndonos más… Creando lazos más intensos.
Nada en su vida había sido fácil y ella mantenía la energía. Aunque iba menguando con la ausencia de buenas noticias… Hasta que Nícolas despertó en aquella cama de sábanas blancas y preguntó por ella.
Todavía recuerdo sus ojos verdes abriéndose y sus mustios labios resecos pronunciar su nombre con un suspiro casi inaudible. Y estaba allí, no sólo por mi amistad con ella… sino porque tenía órdenes estrictas de velar por él. Día y noche interrumpiendo mi lectura por cada movimiento o sonido que provenía de su cuerpo. Cada hora admirando su particular belleza, entendiendo lo que promovía los sentimientos de Eleni…
Cada uno de esos eternos minutos cerca de él me preguntaba qué sentía sumido en aquel sueño espectral. Sus párpados cerrados añoraban fantasmas e ilusiones translúcidas e irreconocibles… ¿Lo recordaría?
Deseaba que así fuera, pues sabía que de lo contrario Eleni desfallecería… Podía soportar los golpes de la vida, el tiempo, la angustia y la muerte. De eso no tenía duda alguna. Pero no podía soportar el olvido…
Eso pensaba en mis noches de enfermera, pero el tiempo me obligó a admitir que estaba equivocada sobre ella. Aunque ni Eleni misma lo supiera, siempre fue más fuerte de lo que yo jamás había podido imaginar.
Una delicada mano tocó mi espalda. Me desperté de la vacía ilusión del pasado. Un vacío que creía que me llenaba, pero que había descubierto que no tenía ningún valor. Me detuve.
Sentí su calor, su frescura. Lo distinguí al instante porque mi piel reconocía su tacto. Mathew aferraba mi hombro con energía, como si estuviera evitando que me alejara de él. Me dio gracia, pero intenté mantenerlo oculto…
La libertad no significa para mí lo que para otros… Siempre me habían nombrado como una solitaria o taciturna. Desde mi llegada al palacio hablaban sobre mí a mis espaldas e intentaban descifrar qué hecho de mi pasado me había hecho desconfiar de la gente hasta ese punto... Si es que mi actitud tenía una explicación lógica. Ninguno de ellos lo supo. Sólo Lugh… y al aparecer Eleni en mi vida, ella tuvo el valor de buscar dentro de mí. Ella se ganó mi confianza.
Suspiré y tomé envión para girar mi cuerpo… pero cuando lo hice, mi pie derecho se resbaló con una piedra. Una piedra del río, húmeda y llena de algas verdosas y viscosas. Mathew me sostuvo por la cintura y evitó que cayera.
Di un paso atrás sumida en la frescura del agua… ya lejos del peligro me di vuelta. Mathew mi miraba, conteniendo la risa hasta que se topó con mi cara y ya no pudo más. Una carcajada brotó del interior de su cuerpo y resonó en el bosque, acompañada por el sonido del agua.
- Mira por dónde caminas. – Me dijo ahogando la risa.
- Voy a tenerlo en cuenta. - Le sonreí y lo golpee en el hombro con fuerza. Estaba tan relajada que no iba a enfadarme por algo así, pero tampoco iba a admitir que la situación me resultaba graciosa a mí también.
Miré a mi alrededor buscando a los demás. Estaban bien, aunque Eleni seguía conmocionada y Frederic la miraba preocupado… Creo que para él debe ser más complicado que para todos nosotros, más teniendo en cuenta el reciente encuentro con Jerónimo.
Caminé hacia ella y cuando me vio acercarme se abalanzó sobre mí, aferrándome el cuello con sus pequeños brazos. Apoyó su cabeza sobre mi hombro y suspiró, dejándome completamente aturdida. Hacía mucho tiempo que ella no reaccionaba así… Y ese simple gesto de confianza, como los de antes, me emocionó profundamente. Me emocionó hasta el borde de las lágrimas.
Acaricié su pelo con mis largos dedos, jugando con los mechones entre mis uñas. Aunque sabía que tenía que decirle algo para apaciguar su angustia, no podía pronunciar palabra. Lo que podía decir, no debía hacerlo… y lo que debía, o mejor dicho, era propicio decir dada la situación, no lo encontraba dentro de mi alma.
Busqué ayuda y al cruzarme con los ojos atormentados de Nícolas comprendí que el arca de los secretos había sido abierta antes de tiempo y que no faltaría mucho para que le confesemos a Eleni toda la verdad. Y aunque tal vez eso no era lo indicado para nuestra misión, ya no me importaba. Sentía que la única forma de encontrar el árbol y salvar nuestro nuevo mundo, una misión bastante relevante para unos jóvenes de nuestra edad sin conocimientos ni poderes especiales, era alejarnos de la oscuridad que esta constante tensión y retención de información dejaba dentro de nosotros.
Me parecía injusto que las personas más importantes en todo esto, los seres que más energía ponían cada día, no supieran toda la verdad sobre ellos mismos. Sobre todo Eleni. Ella tenía derecho de conocer todo lo que había vivido, de saber sobre su familia, su historia… En síntesis, su vida.
Sentí el calor de sus lágrimas sobre mi hombro y la aferré por la cintura, compartiendo el abrazo y deseando poder compartir su dolor.
Y más allá de ese derecho, ella estaba buscando la verdad. Investigaba dentro de su cuerpo a la espera de algún vestigio de lo que alguna vez fue, aunque sabía que era otro el que lo guardaba. Helena le había negado sus recuerdos palpables, sus emociones pasadas… Pero no podía negarle las palabras. Las preguntas y sobre todo, no podía ejercer sobre ninguno de nosotros el poder que nos impidiera hablar porque jamás nos habíamos atado a ella. Éramos libres para decir todo lo que consideráramos adecuado y con el tiempo, eso iba a convertirse en un arma de doble filo porque nuestra falta de experiencia y, sobre todo, el cariño que sentíamos los unos a los otros terminaría obligándonos a confesar la verdad.
No sólo la verdad sobre Eleni que todos sabíamos… También la verdad sobre Frederic y sobre…
- Gracias. – Eleni susurró a mi oído esa palabra única. Esa conjunción de letras que tanto significaba para mí, que siempre me había sentido inútil para ayudar a un ser humano.
Se separó de mí y me sonrió, llevando una alegría profunda a sus ojos que todavía estaban humedecidos, llenando su mirada de confusión. Sus ojos se debatían entre seguir llorando o reír… la angustia y la alegría plasmadas en su mirada líquida.
- No tienes nada que agradecer, Eleni. - Hice una pausa y la miré, midiendo aquella frase tan trillada que iba a decir, a la espera de que fuera verdad.
- Todo va a estar bien. ¿Verdad?
- Sí. – Le respondí anonadada por el modo en que adivinó mis palabras.
- Necesito hablar con ustedes… - Recorrió con sus ojos cada una de nuestras caras, para terminar posando su mirada en la de Nícolas. Él me miró antes de dedicarla a ella toda su atención. Estiró la mano a la espera de que se acercara a él. Lentamente lo hizo y cuando estuvo a su alcance, la tomó por el brazo bruscamente y la abrazó con fuerza.
Inaudiblemente pronunció palabra tras palabra junto a su oído y pude percibir el movimiento del pecho de Eleni cuando comenzaba a llorar nuevamente.
Nícolas tenía ese poder sobre la gente, te llenaba de valor y de confianza. Y sin importar qué error cometiera, siempre eras capaz de regresar a sus brazos para que te protegiera. Era fiel con todos nosotros y si de él dependiera, jamás permitiría que algo malo nos sucediera… Si tan solo supiera que nosotros si lo habíamos permitido, ¿Seguiría confiando tan ciegamente en nosotros? ¿Seguiría protegiéndonos de ese modo?
Eleni me miró cuando se liberó de la prisión de sus brazos, pero no se alejó de él por completo. Mantuvo su mano aferrada a la suya.
- Yo sé que no debo saberlo… Pero lo necesito. – Sus ojos suplicaban un poco de compasión. – Lo he intentado, pero no se imaginan cuán difícil es esto. Necesito saber…
- Pequeña, no podemos hacer nada por ti. – Le respondió Lugh terminantemente, dispuesto a impedir que se continuara hablando de eso.
- Déjala terminar, Lugh. – Nícolas penetró en la mente del antiguo acribillándolo con la mirada. Antes de poder contestar, su vos cortó el silencio.
- Sólo necesito saber… - Eleni me miró. No entendí el sentido de ese gesto, pero sentí que tenía que hacer algo y le sonreí. Eso pareció infundirle valor. - ¿Por qué Jerónimo, mi primo… por qué él pelea contra nosotros?
Al terminar de pronunciar la pregunta, pareció que un gran peso de su alma se esfumara. Más allá de la respuesta que no sabía si recibiría, estaba más tranquila.
Miró expectante la cara de Lugh, como si él fuera el único que pudiera responder.
- No puedo decirte nada.
- Se lo merece, Lugh. – Para mi sorpresa esta vez fue Mathew el que incitó al viejo a hablar.
- No podemos.
- Si no se lo dices tú, lo hago yo.
- Estás poniendo en peligro la misión.
- No me importa. Las cosas son así de simples – Mathew estaba serio y hablaba con una autoridad que sólo dejaba entrever cuando se hacía cargo de sus pacientes. Por el respeto que siempre le había tenido a Lugh, su maestro, no se me hubiera ocurrido jamás que le hablara de ese modo. ¿Sabía algo más?
Yo era consciente de que Mathew había estudiado más que nosotros. Había leído cada escrito o fragmento antiguo, había estudiado pintura, medicina… Era un ser sabio por naturaleza, su mente absorbía las cosas.
Pero siempre había creído que desconocía muchas cosas sobre la naturaleza de los hombres, los sentimientos, los matices. Aunque podía sentirlos, jamás me pareció el tipo de persona que percibiera la importancia de los lazos humanos. Él no era insensible, quería a la gente e, incluso, iba más allá creándolos por el bienestar de sus pacientes. Pero era algo precario para él.
La amistad era para él algo totalmente subjetivo y poco confiable… Un lazo de subordinación le resultaba más fácil porque tenía reglas, pero con un par era distinto. Le constaba mantener el control de sí mismo porque no sabía cómo actuar. Y no tener el control de las cosas lo desesperaba.
Es difícil de encontrar palabras para describir su personalidad… porque mezclaba algunas facetas del egoísmo, la soberbia y la dulzura de un modo imposible.
Pero con todo eso, sus defectos y lo que yo creía que Mathew podía hacer y lo que él mismo era, allí estaba. Parado frente a su maestro, una de las personas que más admiraba, diciéndole que iba a desobedecer no sólo sus órdenes sino que las de los demás antiguos. Y todo eso… ¿Para qué?
Simplemente porque su amiga, su compañera, necesitaba volver a ser ella misma. Y no solo ella, todos nosotros necesitábamos descubrir las tinieblas del pasado, de nuestros corazones, para poder unirnos y luchar. Tal vez dejando de lado la magia, la esencia que habían visto en nosotros, pero juntos. Libres de toda mentira, preparados para entender los por qué de todo esto.
Lugh no respondió, se limitó a mirar a Mathew a los ojos y al instante entendí que estaba atacándolo de otra forma. Había visto a Helena inundar con imágenes los pensamientos de los demás, pero no de ese modo. La cara de Mathew se desfiguró. Cerró los ojos un instante con el ceño fruncido… al abrirlos me miró de reojo y pude percibir el dolor.
- ¡Lugh! – No pude evitar gritarle al saber cuánto estaba sufriendo. Simplemente no podía aguantar más aquel tipo de injusticias… Lo desconcentré.
- Está bien. Él tiene un muy buen punto. – Mathew me detuvo antes de que dijera algo más. Sacudió la cabeza y relajó los hombros. Se lo veía cansado. – Aún así, Eleni tiene al menos el derecho de que le respondamos esa simple pregunta.
- No podemos… Es jugar con fuego. – Pese a su determinación, tuve el presentimiento que lograríamos nuestro cometido. Lugh era un hombro terco, pero justo, y el cariño que le tenía a Eleni estaba comenzando a tener peso en la balanza.
Eso es lo que a Mathew debía descontrolarlo del cariño. El hecho de que pueda nublar su juicio… y en ese momento, los libros no servirían.
- Confía en mí. Ya sabe que es su primo… tiene que entender.
- Una llave nos permite encontrar otra… y otra… y otra… y sin que nos demos cuenta nos enredamos con nuestras propias palabras diciendo más de lo que podemos o incluso empeorando las cosas. – Lugh miró a Nícolas antes de continuar. Él bajó la cabeza. – Una omisión se transforma en una nueva pregunta y en un nuevo sector de oscuridad. La mente se maneja sola y nos permite entrever un manojo de posibilidades, las cuales siempre suelen ser catastróficas y regresamos a un momento como este. Otra pregunta que exige una respuesta justa…
- Por eso te doy la posibilidad de que lo digas tú. Elige las palabras que desees y descarta las que hagan a Eleni dudar de la verdad. Evita que alguno de nosotros arruine todo por impertinente o por inexperiencia.
- Como te expliqué recién, decir algo es decir todo, Mathew.
- Y no decir nada es abrir más dudas. Más dolor y sobre todo, más ideas trágicas que rondan por la cabeza… Tú mismo lo dijiste. – Agregó antes de que Lugh le respondiera.
La batalla moral estaba casi ganada. Antes de que Mathew pudiera dar el golpe de gracias, Eleni los interrumpió.
- No quiero saber todo. Sólo necesito entender por qué casi mato a un miembro de mi propia familia. – dijo con la voz ronca por el llanto.
Eso era todo. Eleni lo había hecho antes que Mathew. Él sonreía, lleno de satisfacción.
Lugh nos miró a cada uno a los ojos, sondeándonos. Iba a ser una larga charla.
- Está bien. Vamos a hablar. - Murmuró.
Lo prometido es deuda y acá estoy... Hoy estuve escribiendo y me adelanté bastante, por lo cual espero publicar con mayor regularidad.
Aunque tengo pensado tomarme un post para hablar de Brisingr. Lo terminé en un día y medio y me gustó mucho. Casi no estoy enojada con Paolini por hacer un cuarto.
Como siempre, acepto críticas y comentarios de todo tipo... Les agradezco por estar tan continuamente, me dan más energía para terminar con esta historia.
Espero que les guste!
Besotes
Nay
29
No había corrido nunca con esa intensidad.
Me dolían las piernas y el pecho. Respirar se había convertido en un proceso dificultoso e incluso estaba tan fatigada que creía que me iba a ahogar.
Lo único que me hacía seguir moviéndome era la certeza de que habíamos escapado de las mimas fauces del depredador, aunque haya sido solo la guardia de Stephan. Pero decir eso, no disminuye el poder que Jerónimo tiene y siempre tuvo.
Eleni lo había hecho genial. Estaba gratamente sorprendida, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de información inconclusa o de pequeños datos que había oído a lo largo de nuestro “plan de escape”.
Cuando me había dado cuenta que Jerónimo estaba ahí, llegué al borde de la parálisis mental y física. Pero ella lo había evitado y pude pensar cómo terminar con eso incluso con un maldito cuchillo en el cuello.
Y el idiota que me tenía aprisionada había dicho tantas cosas de más, al igual que su capitán, que había declarado demasiadas cosas sobre sus superiores sin darse cuenta. Y en el medio de una batalla de palabras, ella había declarado que sabía que tenían la misma sangre… ¿Cómo lo había averiguado?
No entendía cómo lo soportaba.
Desde el principio me había sorprendido la fuerza de su alma, de su carácter. Intentaba ponerme en su lugar y cada vez que lo hacía, estaba más segura de que yo no podría vivir sin saber nada de mí misma.
Esa situación me dolía a mí… Entonces lo lógico sería que a ella la estuviera consumiendo con cada segundo que se sucedía.
Pero estaba equivocada. No necesitaba que ella lo dijera, aunque sería capaz de hacerlo, me bastaba con oírla hablar o mirarla a los ojos.
La conocía tan bien y por momentos sentía que estábamos muy lejos de entendernos. Era una incongruencia total, pero siempre había sido así, ¿No?... Desde que nos habíamos conocido cuando ella estaba escapando, había encontrado en mí un refugio. Una fuente de contención para que descargara toda la oscuridad de aquel infernal lugar del que estaba alejándose, repleta de un profundo miedo.
Al llegar Nícolas, parecía que las cosas iban a mejorar, pero no fue así… Incluso se habían puesto más complicadas y Eleni se había vuelto a refugiar en mí, uniéndonos más… Creando lazos más intensos.
Nada en su vida había sido fácil y ella mantenía la energía. Aunque iba menguando con la ausencia de buenas noticias… Hasta que Nícolas despertó en aquella cama de sábanas blancas y preguntó por ella.
Todavía recuerdo sus ojos verdes abriéndose y sus mustios labios resecos pronunciar su nombre con un suspiro casi inaudible. Y estaba allí, no sólo por mi amistad con ella… sino porque tenía órdenes estrictas de velar por él. Día y noche interrumpiendo mi lectura por cada movimiento o sonido que provenía de su cuerpo. Cada hora admirando su particular belleza, entendiendo lo que promovía los sentimientos de Eleni…
Cada uno de esos eternos minutos cerca de él me preguntaba qué sentía sumido en aquel sueño espectral. Sus párpados cerrados añoraban fantasmas e ilusiones translúcidas e irreconocibles… ¿Lo recordaría?
Deseaba que así fuera, pues sabía que de lo contrario Eleni desfallecería… Podía soportar los golpes de la vida, el tiempo, la angustia y la muerte. De eso no tenía duda alguna. Pero no podía soportar el olvido…
Eso pensaba en mis noches de enfermera, pero el tiempo me obligó a admitir que estaba equivocada sobre ella. Aunque ni Eleni misma lo supiera, siempre fue más fuerte de lo que yo jamás había podido imaginar.
Una delicada mano tocó mi espalda. Me desperté de la vacía ilusión del pasado. Un vacío que creía que me llenaba, pero que había descubierto que no tenía ningún valor. Me detuve.
Sentí su calor, su frescura. Lo distinguí al instante porque mi piel reconocía su tacto. Mathew aferraba mi hombro con energía, como si estuviera evitando que me alejara de él. Me dio gracia, pero intenté mantenerlo oculto…
La libertad no significa para mí lo que para otros… Siempre me habían nombrado como una solitaria o taciturna. Desde mi llegada al palacio hablaban sobre mí a mis espaldas e intentaban descifrar qué hecho de mi pasado me había hecho desconfiar de la gente hasta ese punto... Si es que mi actitud tenía una explicación lógica. Ninguno de ellos lo supo. Sólo Lugh… y al aparecer Eleni en mi vida, ella tuvo el valor de buscar dentro de mí. Ella se ganó mi confianza.
Suspiré y tomé envión para girar mi cuerpo… pero cuando lo hice, mi pie derecho se resbaló con una piedra. Una piedra del río, húmeda y llena de algas verdosas y viscosas. Mathew me sostuvo por la cintura y evitó que cayera.
Di un paso atrás sumida en la frescura del agua… ya lejos del peligro me di vuelta. Mathew mi miraba, conteniendo la risa hasta que se topó con mi cara y ya no pudo más. Una carcajada brotó del interior de su cuerpo y resonó en el bosque, acompañada por el sonido del agua.
- Mira por dónde caminas. – Me dijo ahogando la risa.
- Voy a tenerlo en cuenta. - Le sonreí y lo golpee en el hombro con fuerza. Estaba tan relajada que no iba a enfadarme por algo así, pero tampoco iba a admitir que la situación me resultaba graciosa a mí también.
Miré a mi alrededor buscando a los demás. Estaban bien, aunque Eleni seguía conmocionada y Frederic la miraba preocupado… Creo que para él debe ser más complicado que para todos nosotros, más teniendo en cuenta el reciente encuentro con Jerónimo.
Caminé hacia ella y cuando me vio acercarme se abalanzó sobre mí, aferrándome el cuello con sus pequeños brazos. Apoyó su cabeza sobre mi hombro y suspiró, dejándome completamente aturdida. Hacía mucho tiempo que ella no reaccionaba así… Y ese simple gesto de confianza, como los de antes, me emocionó profundamente. Me emocionó hasta el borde de las lágrimas.
Acaricié su pelo con mis largos dedos, jugando con los mechones entre mis uñas. Aunque sabía que tenía que decirle algo para apaciguar su angustia, no podía pronunciar palabra. Lo que podía decir, no debía hacerlo… y lo que debía, o mejor dicho, era propicio decir dada la situación, no lo encontraba dentro de mi alma.
Busqué ayuda y al cruzarme con los ojos atormentados de Nícolas comprendí que el arca de los secretos había sido abierta antes de tiempo y que no faltaría mucho para que le confesemos a Eleni toda la verdad. Y aunque tal vez eso no era lo indicado para nuestra misión, ya no me importaba. Sentía que la única forma de encontrar el árbol y salvar nuestro nuevo mundo, una misión bastante relevante para unos jóvenes de nuestra edad sin conocimientos ni poderes especiales, era alejarnos de la oscuridad que esta constante tensión y retención de información dejaba dentro de nosotros.
Me parecía injusto que las personas más importantes en todo esto, los seres que más energía ponían cada día, no supieran toda la verdad sobre ellos mismos. Sobre todo Eleni. Ella tenía derecho de conocer todo lo que había vivido, de saber sobre su familia, su historia… En síntesis, su vida.
Sentí el calor de sus lágrimas sobre mi hombro y la aferré por la cintura, compartiendo el abrazo y deseando poder compartir su dolor.
Y más allá de ese derecho, ella estaba buscando la verdad. Investigaba dentro de su cuerpo a la espera de algún vestigio de lo que alguna vez fue, aunque sabía que era otro el que lo guardaba. Helena le había negado sus recuerdos palpables, sus emociones pasadas… Pero no podía negarle las palabras. Las preguntas y sobre todo, no podía ejercer sobre ninguno de nosotros el poder que nos impidiera hablar porque jamás nos habíamos atado a ella. Éramos libres para decir todo lo que consideráramos adecuado y con el tiempo, eso iba a convertirse en un arma de doble filo porque nuestra falta de experiencia y, sobre todo, el cariño que sentíamos los unos a los otros terminaría obligándonos a confesar la verdad.
No sólo la verdad sobre Eleni que todos sabíamos… También la verdad sobre Frederic y sobre…
- Gracias. – Eleni susurró a mi oído esa palabra única. Esa conjunción de letras que tanto significaba para mí, que siempre me había sentido inútil para ayudar a un ser humano.
Se separó de mí y me sonrió, llevando una alegría profunda a sus ojos que todavía estaban humedecidos, llenando su mirada de confusión. Sus ojos se debatían entre seguir llorando o reír… la angustia y la alegría plasmadas en su mirada líquida.
- No tienes nada que agradecer, Eleni. - Hice una pausa y la miré, midiendo aquella frase tan trillada que iba a decir, a la espera de que fuera verdad.
- Todo va a estar bien. ¿Verdad?
- Sí. – Le respondí anonadada por el modo en que adivinó mis palabras.
- Necesito hablar con ustedes… - Recorrió con sus ojos cada una de nuestras caras, para terminar posando su mirada en la de Nícolas. Él me miró antes de dedicarla a ella toda su atención. Estiró la mano a la espera de que se acercara a él. Lentamente lo hizo y cuando estuvo a su alcance, la tomó por el brazo bruscamente y la abrazó con fuerza.
Inaudiblemente pronunció palabra tras palabra junto a su oído y pude percibir el movimiento del pecho de Eleni cuando comenzaba a llorar nuevamente.
Nícolas tenía ese poder sobre la gente, te llenaba de valor y de confianza. Y sin importar qué error cometiera, siempre eras capaz de regresar a sus brazos para que te protegiera. Era fiel con todos nosotros y si de él dependiera, jamás permitiría que algo malo nos sucediera… Si tan solo supiera que nosotros si lo habíamos permitido, ¿Seguiría confiando tan ciegamente en nosotros? ¿Seguiría protegiéndonos de ese modo?
Eleni me miró cuando se liberó de la prisión de sus brazos, pero no se alejó de él por completo. Mantuvo su mano aferrada a la suya.
- Yo sé que no debo saberlo… Pero lo necesito. – Sus ojos suplicaban un poco de compasión. – Lo he intentado, pero no se imaginan cuán difícil es esto. Necesito saber…
- Pequeña, no podemos hacer nada por ti. – Le respondió Lugh terminantemente, dispuesto a impedir que se continuara hablando de eso.
- Déjala terminar, Lugh. – Nícolas penetró en la mente del antiguo acribillándolo con la mirada. Antes de poder contestar, su vos cortó el silencio.
- Sólo necesito saber… - Eleni me miró. No entendí el sentido de ese gesto, pero sentí que tenía que hacer algo y le sonreí. Eso pareció infundirle valor. - ¿Por qué Jerónimo, mi primo… por qué él pelea contra nosotros?
Al terminar de pronunciar la pregunta, pareció que un gran peso de su alma se esfumara. Más allá de la respuesta que no sabía si recibiría, estaba más tranquila.
Miró expectante la cara de Lugh, como si él fuera el único que pudiera responder.
- No puedo decirte nada.
- Se lo merece, Lugh. – Para mi sorpresa esta vez fue Mathew el que incitó al viejo a hablar.
- No podemos.
- Si no se lo dices tú, lo hago yo.
- Estás poniendo en peligro la misión.
- No me importa. Las cosas son así de simples – Mathew estaba serio y hablaba con una autoridad que sólo dejaba entrever cuando se hacía cargo de sus pacientes. Por el respeto que siempre le había tenido a Lugh, su maestro, no se me hubiera ocurrido jamás que le hablara de ese modo. ¿Sabía algo más?
Yo era consciente de que Mathew había estudiado más que nosotros. Había leído cada escrito o fragmento antiguo, había estudiado pintura, medicina… Era un ser sabio por naturaleza, su mente absorbía las cosas.
Pero siempre había creído que desconocía muchas cosas sobre la naturaleza de los hombres, los sentimientos, los matices. Aunque podía sentirlos, jamás me pareció el tipo de persona que percibiera la importancia de los lazos humanos. Él no era insensible, quería a la gente e, incluso, iba más allá creándolos por el bienestar de sus pacientes. Pero era algo precario para él.
La amistad era para él algo totalmente subjetivo y poco confiable… Un lazo de subordinación le resultaba más fácil porque tenía reglas, pero con un par era distinto. Le constaba mantener el control de sí mismo porque no sabía cómo actuar. Y no tener el control de las cosas lo desesperaba.
Es difícil de encontrar palabras para describir su personalidad… porque mezclaba algunas facetas del egoísmo, la soberbia y la dulzura de un modo imposible.
Pero con todo eso, sus defectos y lo que yo creía que Mathew podía hacer y lo que él mismo era, allí estaba. Parado frente a su maestro, una de las personas que más admiraba, diciéndole que iba a desobedecer no sólo sus órdenes sino que las de los demás antiguos. Y todo eso… ¿Para qué?
Simplemente porque su amiga, su compañera, necesitaba volver a ser ella misma. Y no solo ella, todos nosotros necesitábamos descubrir las tinieblas del pasado, de nuestros corazones, para poder unirnos y luchar. Tal vez dejando de lado la magia, la esencia que habían visto en nosotros, pero juntos. Libres de toda mentira, preparados para entender los por qué de todo esto.
Lugh no respondió, se limitó a mirar a Mathew a los ojos y al instante entendí que estaba atacándolo de otra forma. Había visto a Helena inundar con imágenes los pensamientos de los demás, pero no de ese modo. La cara de Mathew se desfiguró. Cerró los ojos un instante con el ceño fruncido… al abrirlos me miró de reojo y pude percibir el dolor.
- ¡Lugh! – No pude evitar gritarle al saber cuánto estaba sufriendo. Simplemente no podía aguantar más aquel tipo de injusticias… Lo desconcentré.
- Está bien. Él tiene un muy buen punto. – Mathew me detuvo antes de que dijera algo más. Sacudió la cabeza y relajó los hombros. Se lo veía cansado. – Aún así, Eleni tiene al menos el derecho de que le respondamos esa simple pregunta.
- No podemos… Es jugar con fuego. – Pese a su determinación, tuve el presentimiento que lograríamos nuestro cometido. Lugh era un hombro terco, pero justo, y el cariño que le tenía a Eleni estaba comenzando a tener peso en la balanza.
Eso es lo que a Mathew debía descontrolarlo del cariño. El hecho de que pueda nublar su juicio… y en ese momento, los libros no servirían.
- Confía en mí. Ya sabe que es su primo… tiene que entender.
- Una llave nos permite encontrar otra… y otra… y otra… y sin que nos demos cuenta nos enredamos con nuestras propias palabras diciendo más de lo que podemos o incluso empeorando las cosas. – Lugh miró a Nícolas antes de continuar. Él bajó la cabeza. – Una omisión se transforma en una nueva pregunta y en un nuevo sector de oscuridad. La mente se maneja sola y nos permite entrever un manojo de posibilidades, las cuales siempre suelen ser catastróficas y regresamos a un momento como este. Otra pregunta que exige una respuesta justa…
- Por eso te doy la posibilidad de que lo digas tú. Elige las palabras que desees y descarta las que hagan a Eleni dudar de la verdad. Evita que alguno de nosotros arruine todo por impertinente o por inexperiencia.
- Como te expliqué recién, decir algo es decir todo, Mathew.
- Y no decir nada es abrir más dudas. Más dolor y sobre todo, más ideas trágicas que rondan por la cabeza… Tú mismo lo dijiste. – Agregó antes de que Lugh le respondiera.
La batalla moral estaba casi ganada. Antes de que Mathew pudiera dar el golpe de gracias, Eleni los interrumpió.
- No quiero saber todo. Sólo necesito entender por qué casi mato a un miembro de mi propia familia. – dijo con la voz ronca por el llanto.
Eso era todo. Eleni lo había hecho antes que Mathew. Él sonreía, lleno de satisfacción.
Lugh nos miró a cada uno a los ojos, sondeándonos. Iba a ser una larga charla.
- Está bien. Vamos a hablar. - Murmuró.





7 Huellas en mi espacio ^^:
No sabes cuanto esperaba este cap!!
Me gusto que Nëtalie fuese la narradora, así podemos conocerla más a fondo y personalmente me cae mejor que Eleni.
Y como siempre, me dejaste con la intriga :S Estaré pendiente por el próx.!!
:O
Un nuevo misterio que se develaa!
Copado :P
jaja, muy buen cap, como siempre, Nay.
Nos vemos en el prox xD
Nay,me encanto la continuacion de tu novela,esta genial!!
Q intriga!!!
Q pasara??
Sube pronto la parte 30!!
Cuidate muxo!!
Besitos:July
La amiga de Eleni es quin narra verdad?
que padre que sigas escribiendo :D
♥kiss♥
Ann
Siempre dejandonos con la intriga... Estoy a la espectativa de la conversacion q van a tener
Saludos!!
Lore
Pd. Tengo una espinita dando vueltas en la cabeza sobre la verdad de Frederic, en fin todo todo a su tiempo...
Eleni es demasiado buena, yo en su lugar mandaría a la mierda a Lugh por no querer explicarme mi pasado...
Pero bueno, sabés que a mi no me gusta que me endulzen las cosas cuando es una cuestión de vida o muerte jajaja
Le pusiste un final cruel al capítulo eh!
--
Muy lindo el video!!
Y see... yo también ando con insomnio, estoy de la nuca...
Te amo!!
Hola Nay, leí tu comentario en mi blog sobre la organización de los concursos. Siento responderte tan tarde, pero se me estropeó el ordenador y estos días apenas pude ver mi blog y repasar los comentarios.
Si te interesa algo en especial de los concursos, aunque no seas de Gamefilia dimelo ^^
Por cierto, he estado leyendo tu blog y me ha encantado. Antes de nada decirte que el diseño es realmente bonito, me ha gustado mucho, pero lo mejor son las entradas.
Te voy a agregar a mi entrada de favoritos de fuera de Gamefilia ¿ok? Asi te tendré "controlada" para cuando actualices :D
Por cierto, si estás obsesionada con la lectura te recomiendo el blog de Lester_Knight de Gamefilia, está dedicado por entero a la literatura y colaboramos varios usuarios con diferentes historias. Además su autor escribe historias basadas en un mundo ideado por el que enganchan mucho. Si te interesa dimelo y te paso la dirección ^^
Un saludo guapa.
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